Reflexiones religiosas


El Señor es mi Pastor: P. Víctor M. Fernández 15/05/2011
En el evangelio de hoy, Jesús se presenta con dos imágenes que se entremezclan: En los versículos 1 y 2, aparece como la puerta, y del 3 al 5, como el pastor. Pero como los oyentes no comprendían estos ejemplos (v. 6), explica separadamente las dos parábolas. Del versículo 7 al 10, se presenta como la puerta, que no indica simplemente un lugar por donde se pasa, un lugar que se atraviesa y se abandona. Para los antiguos, la puerta de una ciudad era un lugar importantísimo, un lugar de reunión, de encuentro, de compra y venta, de mucha vida. Estar en la puerta era una verdadera fiesta, y ya era estar en la ciudad. Por eso, decir que Jesús es la puerta indica que en él, en su persona,hallamos los bienes de la salvación, la luz, el alimento y la vida abundante. Es como el abrazo de un amigo que, mediante sus brazos, nos comunica toda la riqueza de su amor, y no sólo sus brazos. Por eso Jesús no dice dónde vamos a parar cuando pasamos por él, ya que entramos en él mismo, y en él encontramos al Padre. De hecho, Jesús concluye estas palabras sobre la puerta diciendo que él vino para darnos vida en abundancia (v. 10). Nosotros muchas veces estamos buscando un lugar acogedor, un espacio donde podamos sentirnos cómodos, contenidos. Pero nunca vamos a encontrar un espacio físico o un grupo de amigos que nos deje del todo satisfechos. Necesitamos otro espacio de amor que sólo podemos encontrar en el Señor. Ese espacio son sus brazos, ese espacio es él mismo. Y a él lo encontramos en cualquier parte, porque podemos vivir en su presencia. En medio del trabajo, de la actividad más intensa, en medio de las preocupaciones y de la lucha de cada día, podemos estar en su presencia, sumergidos en él; y así todo se hace más fácil, más llevadero.
El mensaje de la liturgia: Yo soy la puerta: No hace falta disponer de una antigua sala cinematográfica: Cualquier local sirve para abrir una “iglesia”. En consonancia, “cualquiera” se autocalifica “pastor”... En medio de tanta “oferta pseudoreligiosa, Jesús nos previene contra “los ladrones y asaltantes”, los que buscan apropiarse de nuestra libertad (lavado de cerebrfos mediante), obtener beneficios para ellos mismos, volvemos fanáticos e intolerantes... Las ovejas conocen la voz del pastor y lo siguen, dice Jesús. Aprendamos a distinguir la voz de los auténticos pastores del pueblo de Dios; la voz de quienes consagran su vida a aliviar las penurias espirituales de los hombres, y con frecuedncia, también las materiales. Yo soy la puerta, dice el Señor. La puerta sirve para pasar. Jesús asegura que neceswitamos pasar por el, unirnos a él, vivir con él y como él... Para alcanzar una vida llena de sentido, experimentar la alegría de vivir, el gozo y la paz que “el mundo no puede dar”. En efecto: Él ha venido para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.






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