Catequesis Mariana desde San Nicolas: por el Pbro. Carlos A. Pérez


Todos los días 25 de cada mes en San  Nicolás, se convocó a un grupo voluntario de Misioneros de diversos lugares del país, felizmente, por iniciativa de los propios laicos presentes en las reuniones, fueron grabadas las charlas que se dieron. Hoy contamos con esta catequesis que nos disponemos a ofrecer aquí a modo de entregas semanales para todos, peregrinos en general y misioneros en particular.

PENTECOSTES, ACCION TRANSFORMANTE DEL ESPIRITU:
a)   LA PALABRA DE DIOS nos dice: Cuando llego el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que lleno toda la casa donde estaban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en idiomas distintos y los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios (Hch. 2, 1-4 y 11), porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por obra del Espíritu Santo que nos ha sido dado.
b)  LA IGLESIA nos dice: El Espíritu es para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización. Será por tanto importante descubrirlo como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia y  prepara su plena manifestación en Jesucristo (45*). Los cristianos están llamados a prepararse al Gran Jubileo del inicio del tercer milenio renovando su esperanza en la venida definitiva del Reino de Dios , preparándolo día a día en su corazón, en la comunidad cristiana a la que pertenecen, en el contexto social donde viven y en la historia del mundo. Es necesario que profundicen los signos de esperanza presentes en este ultimo fin de siglo, a pesar  de las sombras que con frecuencia los esconden a nuestros ojos (46*). Tal profundización catequética de la fe llevara a que, tiene como misión la de transformar a los que han de propagar a través de las naciones el lenguaje del Espíritu (***). El discípulo de Cristo debe guardar la fe y vivir de ella; profesarla, testimoniarla con firmeza, difundirla: “y seguir (la) por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” (1816***). El mártir da testimonio de Cristo, de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana (2473*). La Iglesia es esta nueva comunión de Dios y de los hombres: unida con el Hijo único (2790*). El Espíritu Santo, con su gracia, nos atrae al camino de la oración, recordándonos a Cristo. La Iglesia nos invita a implorar los miembros del pueblo de Dios a un vivo sentido del valor de la obediencia eclesial (47*). Pentecostés inaugura el tiempo de la Iglesia, que en su peregrinación al encuentro del Señor recibe constantemente de El el Espíritu que la reúne en la fe y en la caridad, la santifica y la envía en misión. El fuego (que) descendió sobre los discípulos reunidos ese día, simboliza la caridad todos los días al Espíritu Santo (2670***), cuya unción impregna todo nuestro ser, es el Maestro interior de la oración cristiana en la Iglesia (2672). Por medio de ella y en ella, nuestra oración filial nos pone en comunión, con la Madre de Jesús (2673*) para ensalzar con Ella las maravillas de Dios y confiarle suplicas y alabanzas (2682***). ( * Mientras se aproxima el Tercer Milenio, C. Apost en preparación al año 2000).
c) MARIA DEL ROSARIO DE SAN NICOLAS nos dice: Grandes cosas se producen en estos días, quiero que… comprendan la gravedad que encierra para el cristiano, el momento actual que se vive en el mundo y tengan oído solo para Dios (1311). Felices los que son atraídos por el poder de Dios que es la fuerza universal y felices los que en sus corazones dejan lugar solamente para El. La oración, ha sido siempre y es en estos días en especial, el único campo habitable para el cristiano. Estando a mi lado, hijos míos, tendréis fuerzas, sin excepción les pido: Amor a Dios, oración, conversión.
d) Para que reflexionemos: En la jornada de Pentecostés se produjo en los Apóstoles una verdadera transformación interior y conversión de vida: del egoísmo al amor, del pecado a la gracia, de la debilidad a la fortaleza, de la angustia a la paz, del temor a la audacia. Después de esta acción transformante del Espíritu  en ellos, salen a predicar. Saben que esa predicación les vas a costar hasta dar la vida por el Evangelio y Jesús, muriendo por El. El Espíritu quiere llevarnos hasta las últimas consecuencias. Es frecuente que en la vida apostólica, queriendo hacer lo mejor posible, choquemos con incomprensiones, ataques difamaciones, calumnias, que haya oscuridad, aridez en la oración; sensación de fracaso, o de que el Señor ya no esta. Es parte de la incertidumbre que permite padezcamos para que, orando perseveramente, nos aferremos solo a El, e iluminados y fortalecidos por su gracia no dudemos en caminar el sendero que nos va marcando. El mismo no fue entendido entre los suyos. Su pueblo, beneficiario de toda su acción mesiánica, lo mato. Sus mismos discípulos y Apóstoles la desconocieron. Se quedo en la verdadera noche oscura, padeció una espantosa sensación de soledad, aun la del abandono del Padre que da lugar a que pasemos por la oscuridad de la duda, para que busquemos la luz del Espíritu y en esos momentos, precisamente, el demonio va tentarnos para que reneguemos de Jesús. Eso significa ser probados. Ser llevados por el camino estrecho del Evangelio que no es tan fácil ni cómodo. El Espíritu Santo nos va a mostrar que la obra de Dios exige respuestas de nuestra parte: ORACION, TESTIMONIO, DISPONIBILIDAD, INMOLACION, Y ANUNCIO DEL EVANGELIO. Es lo que hicieron los Apóstoles.  Son testigos de un Cristo Crucificado,  y en este testimonio inmolan su vida. Terminan siendo mártires. El Señor permite fallas y dificultades, pero sigue enviándonos. Somos anunciadores y proclamadores de La Palabra. El Espíritu engendra en nuestra vida la capacidad de amar, de relacionarnos; produce en cada uno de nosotras distintas cualidades y carismas para la edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Es el gran hacedor de la unidad que es santidad porque muestra la ausencia de egoísmos. Es el amor que en la Iglesia une a los creyentes con Cristo y entre si. En la Espiritualidad y misión que María engendra en San Nicolás se destacan fundamentalmente : el llamado a la Oración, a la Conversión y a Evangelizar en la Palabra haciéndola fuego de nuestra vida; y que el pedido de Consagración a su Corazón Inmaculado no quede en un hecho personal cerrado, sino que se proyecte en acción misionera al universo. San Nicolás es un lugar de manifestación divina y de gracia especial que el Señor quiere que se expanda por todas partes, por eso la Iglesia ha conducido el acontecimiento con la sabiduría del Espíritu. 
“VEN ESPIRITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN   ELLOS EL  FUEGO DE TU AMOR”   





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