REFLEXIONES RELIGIOSAS:
Dios
en Cristo nos da la vida: P. Víctor M. Fernández
Una de las enseñanzas más preciosas de toda la
Sagrada Escritura es el anuncio que nos devuelve la alegría y la paz: “¡Tanto
amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único!”. Y ese Hijo nos trae “vida
eterna”. Mirando a Cristo, no morimos, es decir, nuestra vida no termina en
fracaso y oscuridad, nuestra vida se salva. En medio de aparentes fracasos y de
profundos dolores, estamos rescatados, y todo va a terminar en la plenitud de
Dios. Cristo no vino para juzgar, sino para salvar. Cuando el evangelio dice
“el que cree no es juzgado”, se refiere al que verdaderamente ha puesto su
confianza en el que lo salva, Cristo. Esa fe no es sólo aceptar la existencia
de Dios o los dogmas, porque también el demonio tiene ese tipo de fe (Sant. 2,
19). El evangelio de hoy, al igual que san Pablo, se refiere a la fe viva, la
fe que transforma toda la vida y se hace activa en el amor (Gál 5, 6). Nuestra
apertura sincera y confiada al amor divino le permite a Dios transformar
nuestra vida concreta, y eso es lo que nos libera del juicio, porque así toda
nuestra vida está bajo la luz de Dios, y su luz va expulsando toda tiniebla,
todo lo que no le agrade. El texto nos habla también de la vida íntima de Dios,
de su misterio de amor infinito en el que el Padre comparte su vida con su Hijo
único, pero, en su amor a la humanidad, lo entrega como fuente de salvación. Si
bien no aparece en este texto el Espíritu Santo, tenemos que recordar que en Jn
16, 13 se nos muestra que la misión de Cristo se completa con la misión del
Espíritu. El Espíritu nos hace penetrar plenamente en el misterio de Cristo. El
inmenso amor del Padre, que envió a su Hijo, se expresa también al enviarnos el
Espíritu Santo, que nos lleva a la plenitud de Cristo.
El
mensaje de la liturgia: Dios amó tanto al mundo…
El Evangelio de hoy (Jn 3 16-18) presenta la más
maravillosa imagen de Dios: Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo, para
que el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna. Ésta es la
verdadera imagen del Dios cristiano, el Dios que se hizo uno de nosotros en
Jesús y, mediante el Espíritu Santo, que habita en nuestros corazones. Las
estampitas no pueden presentar una “fotografía” de dios. Imposible imaginar
CÓMO ES DIOS FÍSICAMENTE. Él es infinito Está “más allá” de nuestra
imaginación. El mismo Jesús nos enseñó que Dios es Padre, Hijo y Espíritu
Santo. Así lo creemos los cristianos y celebramos el misterio de “3 personas
distintas y un solo Dios verdadero”, adorando a la vez, la gracia del Señor
Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. Te doy gracias, Padre, por tu inmenso amor,
porque entregaste a tu propio Hijo para darnos vida. Concédeme que él, con el
poder del Espíritu Santo, ilumine todo mi ser y toda mi existencia para
conducirla a ti. Amén.

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