Catequesis Mariana desde San Nicolás por el Pbro. Carlos A. Pérez

Todos los días 25 de cada mes en San  Nicolás, se convoco a un grupo voluntario de Misioneros de diversos lugares del país, felizmente, por iniciativa de los propios laicos presentes en las reuniones, fueron grabadas las charlas que se dieron. Hoy contamos con esta catequesis que nos disponemos a ofrecer aquí a modo de entregas semanales para todos, peregrinos en general y misioneros en particular.

MARIA MADRE DE LOS PENITENTES
“Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. Crea en mi, Dios mío, un corazón puro y renueva la firmeza de mi espíritu y mi boca provocara tu alabanza. Mi sacrificio es un espíritu contrito, tu no desprecias el corazón contrito y humillado.” (Salmo 50, 6; 12; 17; 19)
   La Santidad es la meta de la Conversión, que para su continuidad ha de sostenerse y afianzarse en actitud de Penitencia; implica arrepentimiento del pecado y deseo de consolidarnos en Dios. Es una disposición fundamental por la que sintiendo dolor por haber ofendido, abandonado o desagradado a Dios se quiere enmendar y reparar lo que no queríamos o no debíamos haber hecho. La actitud penitencial actualiza en los dones del Espíritu Santo de Piedad y Temor de Dios y nos lleva a unirnos cada vez más a El como hijos, con conductas que nos permitan decir como Jesús: “Hago siempre lo que al Padre le agrada…”. El penitente vive en opción y acto de amor permanente. Recordemos el amor de la alianza esponsal de Dios con su Pueblo, de los esposos, de los amigos, de los hermanos, de los padres al hijo y viceversa. Son todos muy exigentes y aunque humanamente y aunque humanamente cuestan no duelen, porque el amor esta mas allá de cualquier exigencia. Los sacrificios ya no son renuncias, sino donación de Amor; la mejor Penitencia siempre será aquella que pone el dedo en la llaga de nosotros mismos no para hacerla doler sino para curarla. Hay caminos de penitencia y uno es la fidelidad al Señor en aquello que nos ha encomendado como deber de estado: hacer las cosas cada día lo más perfectamente posible por amor al Señor. Ser cotidianamente fieles es excelente vía de Penitencia, que nos afianza en Conversión. Otro es la mortificación voluntaria en orden a la vigilancia del corazón y los sentidos que lleva el dominio del hombre nuevo sobre el hombre viejo. La concupiscencia tiende a abarcar toda nuestra vida y ahogarla, entonces luchar para superarla haciendo aparecer en nosotros la virtud.
Otro la cruz que aparece en nuestra vida y no es fácil de llevar; asumirla como parte de la Cruz de Cristo en humilde actitud penitencial, porque con la cruz el Señor nos ata a Él y nos desata de nosotros.
El prójimo también es camino de penitencia ya que en la relación con nuestros hermanos, la Caridad es frecuentemente herida, agredida y exige de nosotros estar siempre con el corazón abierto para el perdón y el amor. Todos los días tenemos que estar purificándonos porque el Señor nos pide a nosotros que llevamos el misterio de la Palabra a los hermanos, que seamos fieles, en actitud penitente. Dios con pedagogía muy especial nos invita a caminar pero no por el camino fácil sino que nos lleva de la mano por el de espinas. Sobre todo si nos ocupamos de Él, también Él se ocupa de nosotros 
de manera que a causa de nuestros limites y miserias no caigamos fácilmente en vanidad con lo que hacemos. La Virgen que vivió intensamente el misterio de su Inmaculada Concepción nos invita a purificar nuestra alma por el camino de: Oración, Conversión, Penitencia, Reparación y Expiación para vivir más profundamente la Consagración a su Sagrado Corazón. Tenemos que descubrir los caminos y poner los medios para que se produzca la gracia de estar en Oración continua porque en ella están todos los demás.          

Mensaje 1084
¡Pobre humanidad! Esta desorientada en medio del desierto que ha provocado el maligno. Describo así, la situación, por la que atraviesan mis hijos, la dolorosa realidad que tanto aflige a la Madre. Yo estoy pronta para cuidarlos con mi Luz, que es la Luz de la Iglesia, la Luz de Cristo Jesús.

Mensaje 1116

Este tiempo, es tiempo de dolor, tiempo de reflexión, tiempo de amor. En estos días, el cristiano debe creer y crecer en la Palabra de Dios, debe vivir intensa y eficazmente la Palabra, debe también disponerse a ofrecer  penitencia y reparación Hoy los hijos son llamados por la Madre, A sentir plenamente la oración y a ofrecer la oración. Jesús, amor misericordioso, esperanza de la humanidad, vela por la humanidad. Glorificado sea el Señor.











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