Les Chartreux:
Los cartujos son la orden
que profesa más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han
permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son
llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y
oración. La regla o regula de los cartujos recibe el nombre de Statutos y
difiere de la regla de San Benito practicada por las otras órdenes monacales.
Historia: En el año 1084, Bruno de
Colonia, que había estado antes en el monasterio de Molesmes con Roberto de
Molesmes en los comienzos de la orden del Císter, se dirige con sus compañeros
Landuino, Esteban de Bourg, Esteban de Die, Hugo, Andrés y Guerin a Grenoble,
donde pide consejo al obispo Hugo sobre un posible asentamiento. Éste le
sugiere la Chartreuse ,
un yermo deshabitado perdido entre montañas. Allí levantan una capilla y unas
cabañas de troncos, que son el comienzo de la primera cartuja.
En 1090, al ser llamado
Bruno a Roma por Urbano II, el eremitorio se dispersa y se vacía durante un
año, al término del cual, vuelve Landuino como prior y rehace la comunidad. Más
tarde, Landuino pudo visitar a Bruno en La Torre (Italia), la segunda cartuja que éste había
fundado, y de este encuentro anotó las conversaciones que mantuvieron, y que
fueron la base sobre la que su sucesor Guigo escribió las Consuetudines
Cartusiae. Estos preceptos de la
Orden tuvieron también en cuenta otras antiguas reglas, como
la de ermitaños de Gunlaico, y la de Cesáreo de Arlés.
El prior Guigo (1109/1136)
fundó seis cartujas más, siguiendo el modelo del primer fundador, y limitando
el número de monjes al sostenible para mantenerse sin necesidad de limosnas. Los
200 años que van de 1350 a
1550 fueron el periodo de mayor expansión de la Orden. Concentrada
al principio en Francia, se expandió a Países Bajos, Alemania, España, Italia e
Inglaterra. Al llegar la
Reforma protestante había más de 200 cartujas en Europa, pero
entonces se suprimieron unas 40 y empezaron las persecuciones, pues a causa de
la influencia desproporcionada respecto a su número, se convirtieron en
objetivo prioritario de los protestantes. En 1562 la Gran Cartuja fue
destruida por los hugonotes.
En el siglo XVII, a pesar
de las persecuciones se fundaron 21 nuevas cartujas. Hacia 1676 había 173
cartujas. En el siglo XVIII, por motivos nacionalistas se suprimieron en
distintos países: Austria, Francia, Venecia. Con Napoleón, la situación se
agravó todavía más, llegando a un mínimo de sólo 8 casas en 1810, pero después
se inició una lenta recuperación, aunque continuaron las persecuciones. La
misma situación se mantuvo en la primera mitad del siglo XX. En 1940 quedaban
23 cartujas. En 1950 se fundó la primera cartuja americana, en Estados Unidos,
a la que siguieron otras en Brasil y Argentina. En 2004 se fundó la primera
cartuja asiática, en Corea del Sur.
La rama femenina: El
primer monasterio de monjas cartujas se fundó en 1147 en Prebayon (Provenza)
por un grupo proveniente de un monasterio bajo la Regla de San Cesáreo de
Arlés, que anhelaba una vida más interior. Siguieron el consejo de Juan de
España, prior de la cartuja de Montrieux, quien les facilitó un ejemplar de las
Constituciones de Guigo. En el siglo XIII se alcanzó el máximo de monasterios
femeninos, con 7 casas y 2 afiliadas. En 1794 habían desaparecido todos, hasta
1822, fecha en la que se volvió a abrir uno en Francia. En el siglo XX había
monasterios en Francia e Italia, y desde 1967 en España.
Cada monasterio femenino
tiene considerable independencia, pero está sujeto desde el siglo XIII a
visitas regulares de un prior, y se le asigna un vicario, que se ocupa de la
dirección espiritual, y dos o tres ayudantes. Todos ellos viven fuera de la
clausura de las monjas.
Organización: Cada cartuja está
gobernada por un prior elegido por los padres y hermanos del monasterio. Es el
responsable del monasterio y de las necesidades espirituales y materiales de
los monjes. La orden cartujana siempre se ha resistido a las sugerencias de
Roma de elevar a sus priores al rango de abades, a causa del ceremonial y la
pompa que esto lleva consigo. El prior coloca a los monjes en los distintos
cargos.
El vicario es el suplente
del prior. Para ayudar en la administración del monasterio, hay un consejo
privado formado por el prior, el vicario, el procurador, un monje (padre o
hermano) elegido por el prior, y otro elegido por la comunidad.
El procurador es el monje
en el que delega el prior el cuidado de atender las necesidades materiales, y el
supervisor del trabajo de los hermanos. Puede tener un ayudante. Otro cargo
importante es el maestro de novicios, que lleva su dirección espiritual y
comprueba su aptitud. El sacristán se ocupa de la iglesia del monasterio. El
chantre dirige el canto del coro. El bibliotecario se ocupa de la custodia de
los libros de la biblioteca.
Todos los cartujos están
exentos de la dependencia de obispos y cardenales. Los priores dependen
directamente del supremo de la orden, que es el prior de la Gran Cartuja. Hay un
procurador general de la orden para las relaciones con el Vaticano, que vive en
los alrededores de Roma. En el aspecto financiero, los cartujos se mantienen
con donaciones y trabajos de los monjes. En caso de no ser autosuficientes,
reciben trimestralmente fondos de la Gran Cartuja. Cada dos años se celebra un
capítulo general en la
Gran Cartuja , al que asisten todos los priores y
representantes de los hermanos. Suelen durar dos semanas y revisan el
desarrollo de la orden en todos sus aspectos. Todos los monasterios son
visitados cada dos años por un visitador y un covisitador, para asegurar que
están a la altura de las exigencias de la orden en cuanto a fidelidad y
obediencia.
Se ha dicho repetidamente
que la orden cartujana no ha sido nunca reformada porque nunca se ha deformado
(Nunquam reformata, quia nunquam deformata). Esto se ha expuesto en varias
encíclicas papales. En una de ellas, Pío XII afirma: Al revés que otras órdenes
religiosas, esta orden no ha necesitado, en tan largo espacio de tiempo, ninguna
enmienda o reforma. Pío XII. Encíclica de 1924
Vida de los monjes
cartujos: El fin de un cartujo es la contemplación en una vida monástica de
oración pura y continua. La primera característica de un monje cartujo es la
búsqueda de Dios en la soledad. La soledad del cartujo es encontrada en tres
niveles:
1. La separación del mundo
2. La guarda de la celda
3. La soledad interior, o
la soledad del corazón
Los monjes cartujos
guardan los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, pero además guardan
dos votos extras, que son el de estabilidad en el monasterio y el voto de
conversión de costumbres, en el cual se busca un crecimiento de entrega hacia
el Señor.
Hay dos clases de monjes:
los padres cartujos, que reciben la ordenación sacerdotal, y los hermanos
cartujos, que no la reciben. Dentro de los hermanos, pueden ser hermanos
conversos, que hacen la profesión de votos, igual que los padres, y los
hermanos donados, que no hacen votos solemnes de por vida. Dentro de la cartuja
puede haber, aunque es poco frecuente, el estatus de familiar, personas que
llevan vida semi-monástica, y ejercen funciones similares a las de criados.
Las cartujas: Las cartujas requieren
de gran extensión de territorio debido a que los monjes son eremitas que viven
en comunidad: esto les permite tanto el aislamiento como la unión para lograr
llevar a cabo su carisma contemplativo. Los católicos contemplativos incluyendo
a los cartujos, son la espiritualidad con menor número de miembros; de los
católicos contemplativos la mayoría son mujeres. Los monjes cartujos viven una
vida solitaria y común, en sus cartujas se encuentran:
1.- El claustro grande
(donde se agrupan todas las celdas)
2.- Lugares comunitarios
(lugares como la cocina, el lavadero, el refectorio, etc.)
3.- Los lugares que
producen ruido (talleres de carpintería, forja, etc.)
La vida diaria: La vida diaria de un
monje cartujo incluye varias actividades sugeridas que varían en cada cartuja,
pero en general siguen el mismo patrón que incluye los oficios como Maitines,
Laudes, Prima, Tercia, Sexta (siesta), Nona, Vísperas y Completas. Estos
oficios dan el ritmo fundamental a la jornada de un cartujo. Cada hora del
oficio del día es precedida o seguida del oficio de la Santísima Virgen.
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Hora
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Actividad
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Fin
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23:30
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Levantarse-Oración en la
celda
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La oración en la celda, en el medio de la noche
es uno de los momentos más ricos de la jornada.
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0:15
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Maitines y Laudes
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Dependiendo del día, estos oficios duran entre
dos y tres horas.
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6:30
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Levantarse
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La hora no es fija, pero prepara para las 7:00
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7:00
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Prima-Angelus
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El tiempo que sigue al Angelus está consagrado a
la oración o a la Lectio Divina
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8:00
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Misa conventual
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Se lleva a cabo en la
Iglesia
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10:00
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Tercia
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12:00
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Angelus - Sexta
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Comida y recreación
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Tiempo libre
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14:00
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Nona
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Trabajo manual y estudio
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El equilibrio estudio-trabajo manual depende de
cada monje.
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16:00
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Vísperas de la Santísima Virgen
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16:15
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Vísperas
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En la iglesia
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Colación, lectura,
oración
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Lectura de un libro de autor espiritual o de
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18:45
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Angelus - Completas
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19:30
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Acostarse
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Libertad entre 19:30 y
20:00
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Descontado el tiempo de
sueño, comida, aseo y trabajo manual, el padre cartujo dedica 14 horas a la
oración y el estudio, de ellas 6 en la iglesia y 8 en la celda. El hermano
cartujo (cartujo sin ordenar) dedica 7 horas diarias a los trabajos u oficios
manuales, que se denominan obediencias. El reparto del trabajo lo hace el
procurador. Como no tienen tanto tiempo para los oficios como los padres, están
dispensados para algunos de ellos. Todos los hermanos hacen cada año un retiro
de 8 días en sus celdas.
La alimentación: Los cartujos no comen
carne. En Adviento y Cuaresma prescinden también de los alimentos lácteos. Una
vez a la semana, generalmente los viernes, toman sólo pan y agua. Desde el 14
de septiembre hasta la pascua, hacen una comida diaria, más un panecillo para
cenar. El resto del año tienen dos comidas diarias, una a media mañana y otra
por la tarde.
El silencio: El silencio se considera
fundamental para lograr la contemplación. Por eso, la palabra se utiliza
solamente en el canto o en lo estrictamente necesario para llevar a cabo las
tareas cotidianas. Sin embargo, como compensación, los domingos hay un recreo
que dura de una hora a hora y media, y los lunes un paseo de tres horas fuera
del monasterio, durante el cual se puede hablar libremente. Una vez al año,
toda la comunidad disfruta del llamado «gran paseo», que dura todo el día. En los monasterios no hay periódicos, radio
ni televisión. Sólo el prior puede leer noticias, que en caso de suma
importancia, a su criterio, puede comunicar a los monjes.
Liturgia cartujana: La liturgia de los
cartujos está basada en la escrita por San Bruno y sus compañeros, la cual se
distingue por una gran simplicidad y sobriedad. Esta liturgia incluye muchos
tiempos de silencio, ningún instrumento musical, si bien está informada con el
canto cartujano, parecido al canto gregoriano, pero más austero. La pureza del
canto cartujano se ha preservado celosamente durante siglos. Más lento que el
benedictino, de tonos menos agudos, y menos melismático, está considerado como
más profundamente espiritual por quienes han escuchado ambos.
Vocación de cartujo: Para entrar a un
monasterio cartujo se recomienda meditar sobre la vocación que debe ser
orientada a un fuerte deseo a la oración. Cualquiera que se sienta atraído por
la vida cartujana, puede hacer una experiencia para comprobar su vocación: para
ello debe contactar con el prior de una cartuja. A todo aspirante serio se le
invitará a pasar unos días en la hospedería del monasterio para conocer un poco
la vida de cartujo. Se entrevistará con el prior y con el maestro de novicios,
quienes estudiarán la conveniencia de aceptarle a prueba como postulante. La
aptitud para la orden cartujana se determina, no sólo por la espiritualidad del
candidato, sino también por su salud y equilibrio mental. La tendencia actual
es que los candidatos sean examinados por un psiquiatra, para cerciorarse de
que no hay desviaciones religiosas, ni ocultas obsesiones en el subconsciente,
que podrían aparecer más adelante. La vocación de alguien que desea ser cartujo
no es fácil, pues el contacto con ellos es restringido, desde que ellos se han
separado del mundo.
Formación en la vida de
cartujo:
·
Postulantado. De tres meses a 1 año.
·
Noviciado. Incluye la toma de hábito y dura 2 años
·
Votos temporales por 3 años.
·
Renovación de votos por 2 años
·
Votos y profesión solemne.
Características para ser
admitido como cartujo:
·
Tener más de 19 años y menos de 45 para ser monje converso,
más de 45 para ser hermano donado.
·
Tener el deseo de buscar a Dios.
·
Tener inclinación a vivir en soledad para Dios por motivos
sobrenaturales.
·
Gozar de buena salud y equilibrio mental.
·
Estar libre de compromisos familiares y económicos.
·
Tener aptitud para el estudio (monjes sacerdotes).
Distribución: Hay 26 cartujas en todo
el mundo, de ellas cinco femeninas, con un total de unos 370 monjes y 75
monjas, distribuidos en Europa (21), América (3) y Asia (2). Las dos de Corea
del Sur son las últimas creadas (2008).
El modo de vida de los
monjes: La
Orden Cartujana es una de las congregaciones religiosas que
ha sabido mantener con mayor fidelidad el espíritu y la práctica de sus
orígenes y, de hecho, a lo largo de su dilatada historia, no ha sufrido ni
dramáticas escisiones internas ni grandes reformas como otros movimientos
monásticos o conventuales. Obviamente la Orden Cartujana
fue experimentando cambios a lo largo del tiempo, algunos importantes, pero
estos nunca fueron radicales, ni llevaron consigo una extraordinaria separación
de las pautas primigenias, sobre todo, de las que se refieren a la vida
cotidiana del monje.
Cualquier monasterio de la Orden , desde primero
instalado en Chartreuse por San Bruno hasta el que recientemente ha sido
fundado en América, se encuentra habitado por una comunidad compuesta por dos
grupos de monjes, los llamados padres y los llamados hermanos conversos o
legos.
Los padres son monjes que
se dedican exclusivamente a la contemplación, al continuo diálogo con Dios, a
la lectura espiritual, al rezo vocal del Oficio Divino y a la ejecución de
algún trabajo manual no productivo. No realizan, pues, una labor predicación o
beneficencia, no mantienen escuelas ni hospitales, no tienen como principal
objetivo la santificación a través del trabajo, sino que, convencidos del bien
que con ello pueden hacer a sus semejantes, se entregan por completo a la
contemplación y adoración de Dios. Su especial particularidad además es que, a
diferencia de otros monjes que oran, leen, trabajan, comen y duermen juntos,
cada uno de los padres cartujos realizan cotidianamente las actividades citadas
de manera individual, en absoluta soledad, silencio y aislamiento, en el ámbito
de la celda, que consistía en una casa con su huerto o jardín. Característico
también es el clima de simplicidad y pobreza en el que se desarrolla la vida
del padre cartujo, que se reflejan en su austero hábito, en las frugales
comidas (son muy frecuentes los ayunos y no comen carne), en el ámbito
arquitectónico o desnuda celda donde habita el monje o incluso, en su propia
liturgia que se peculiariza por su marcada sobriedad y sencillez. Es cierto que
las comunidades cartujanas, con el paso del tiempo llegaron a ser poseedoras de
extensos patrimonios y de espléndidos monasterios, pero esta riqueza jamás
trascendió a la vida cotidiana del cartujo que continuó viviendo dentro de las
mismas pautas de soledad y pobreza como los antiguos anacoretas. Pero, los
cartujos no sólo realizan actividades en soledad. En efecto, siendo consciente
San Bruno de las dificultades que entrañaba perseverar en esta vocación
eremítica, quiso que los monjes pudieran contar con un apoyo humano y
espiritual en el grupo, aspecto en el que se encuentra otra de las
singularidades de la
Cartuja. Dicho con otras palabras, quiso el fundador que
además de las actividades que los monjes efectuaban en aislamiento, también
llevasen a cabo en específicos momentos del día o en determinados días a la
semana prácticas comunitarias, propias de la vida cenobítica. Estas son, por
ejemplo, la celebración cotidiana, en común, en el ámbito de la iglesia, de
distintas partes del Oficio Divino, como los maitines, las vísperas, y de la
misa conventual o, ya en algunos días concretos (por ejemplo domingos y días de
festividad religiosa), la comida en común, las reuniones en la sala capitular y
el paseo. Por su puesto, los monjes cuentan también con la tutela o dirección
de un superior o prior que obviamente en la primera cartuja fue San Bruno.
El segundo grupo que
compone la familia o comunidad cartujana es el de los hermanos o legos. La
presencia de este segundo grupo tuvo su origen en una razón de orden práctico.
San Bruno quiso que su comunidad constituyera una unidad orgánica
independiente, con autonomía económica. Para poder alcanzar este objetivo y
dado que los monjes ermitaños debían dedicarse exclusivamente a la
contemplación, era imprescindible que dentro de la comunidad se integrasen
otros religiosos que se ocupasen de los trabajos productivos y de las
necesarias relaciones con el exterior, fundamentales para la subsistencia de
todo el conjunto. De allí la importancia de los hermanos que son aquellas
personas que sintiendo como los padres una vocación contemplativa (de hecho
realizan prácticas de esta naturaleza) deciden entregar parte de su tiempo al
trabajo que permitía la independencia de la comunidad. Aunque su régimen de
vida es menos severo que el de los padres, sus actividades (cultivo de la
tierra, cuidado del ganado, etc.) se desarrollan en las mismas pautas de
pobreza y sobriedad y también realizan prácticas en comunidad como las antes
citadas. Generalmente los hermanos pertenecían a un estrato social más bajo que
el de los padres; sin embargo, también es cierto que a lo largo de la historia
personajes de alta cuna o elevada cultura decidieron por humildad ingresar como
conversos en los muros de las cartujas.
Las comunidades cartujanas
viven aisladas del mundo, bajo una estricta clausura. Su número de miembros es
relativamente pequeño. En los orígenes solo se admitía en cada monasterio 13
padres (incluido el prior) y 16 hermanos. Con el paso del tiempo este número se
elevó; no obstante nunca se permitieron comunidades en exceso numerosas. En un
principio la economía de las comunidades estaba basada en la agricultura y
ganadería, al cargo de los hermanos. Con el tiempo también se aceptó la
explotación de propiedades rústicas y urbanas y las cuantiosas donaciones de
los benefactores. Desde mediados del siglo XII existen también comunidades de
monjas cartujanas. Su modo de vida, aunque no idéntico, es similar al de las











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