Catequesis Mariana desde San Nicolás: por el Pbro. Carlos A. Pérez
MARÍA GENERA
EL VERBO ENCARNADO Y ESPOSA DEL ESPIRITU SANTO
“Maria genera el Verbo encarnado” Lc. 1, 34-38
El Espíritu Santo que produjo la Encarnación del Hijo
de Dios en el seno de Maria Virgen, es el mismo que conduce a toda la Iglesia. Lo hace de
acuerdo a las exigencias de cada época, descubriéndole el modo evangélico que
le permita responder adecuadamente a los grandes desafíos que cada una de ellas
plantea. Es el alma de la
Iglesia que la conduce, la santifica, reparte los dones, la
anima interiormente en su conjunto y en cada uno de sus miembros, y los unifica
a todos en un solo cuerpo. Maria, recibe la acción del Espíritu Santo estando
en Oración, en un clima de escucha, de apertura de corazón; clima que siempre
necesita para poder actuar. Orar es la condición indispensable para que el
corazón, se haga disponible a la lluvia de la Gracia , a la luz que el Espíritu Santo quiera
comunicar en cada momento. Maria no reza automáticamente, ni con palabras
sueltas; esta actitud de adorar y alabar a Dios reconociéndole como supremos
Señor y Padre, que es la expresión más fuerte de Oración y donde el Espíritu,
que con el consentimiento de Maria, produce la Encarnación del Verbo
en su seno y finalmente, la mueve a anunciar y compartir la alegría de la Palabra que se ha hecho
carne en Ella. El Espíritu Santo nos relaciona fuertemente no solo con Dios,
sino con aquellos con quienes formamos un solo cuerpo. Si estamos profundamente
unidos a la Virgen ,
sintiéndola Madre, descubriremos de manera muy especial el Misterio de Cristo
porque Ella es la encargada de enseñárnoslo. Desde el Corazón de la Virgen , el Espíritu Santo
nos consagrara para Él y para el Padre, capacitándonos para amar como Dios
quiere que nos amemos. Los apóstoles, luego que Jesús sube a los Cielos, se
congregan en Oración; y cuando el Espíritu llega, obra maravillas en ellos, los
transforma; les da fortaleza; la luz que no tenían antes de ese momento; la
alegría de la misión apostólica; y la audacia para salir a comunicar la Palabra , a predicar el Evangelio.
Este es el ritmo de la acción del Espíritu. Toda celebración Eucaristía,
comienza siendo el anuncio de la
Palabra que, tiene la misión de convertirnos y abrirnos el
corazón para lo que Dios nos quiera decir. Y que también se hace carne en
nosotros al recibir a Jesús en la
Eucaristía , impulsándonos a ser testigos de lo que vivimos,
proclamando al Señor que vive en nosotros y nos ha transformado en Él. No puede
anunciar a Jesucristo aquel que solo lo conoce con la cabeza y no con el
corazón. Esto es lo que tenemos que ser nosotros como misioneros. El misionero
es alguien que lleva la
Palabra de Dios encarnada en su alma y es testigo de esa
presencia divina en su vida. Este acontecimiento de San Nicolás dentro de la
dinámica del Espíritu Santo, es un regalo que Dios Padre da a la humanidad para
que la Iglesia
lo encauce y lo ofrezca como medio de salvación y de santificación. Maria, una
vez más, prepara el camino para llegar al Señor. Y en este caso concreto, nos
esta invitando a tener sus mismas actitudes para vivir esta continua
ENCARNACIÓN que estamos llamados a experimentar.
“Maria,
Esposa del Espíritu Santo” Jn. 15, 26-27 / Jn. 16, 1-15
El Espíritu Santo que produjo la primera
Encarnación del Hijo de Dios en el seno de Maria, la sigue produciendo en el
seno de la Iglesia
especialmente en los momentos más difíciles. No se ata a estructuras humanas y
se expresa como quiere, por eso tenemos que estar siempre humildes y
profundamente abiertos a su acción, a lo que va sugiriendo el corazón para que
realmente seamos testigos de la
Esperanza , y del triunfo del Señor. En un momento donde
parecía que lo de Dios esta llamado a ser destruido, mas que nunca, desde
abajo, Dios esta fortaleciendo la gracia de su triunfo. Tenemos que descubrir
con el corazón, de que modo esta hablando, no solo para nosotros sino para los
demás. Nos hace instrumentos suyos, nos lleva de acá para allá nos pone
obstáculos, dificultades, pruebas, alegrías, luz, lo que sea, para que seamos
útiles a los demás allí donde estemos en actividad misionera. El Espíritu
Santo, vive hablándonos. El hábito de la Oración , nos hace capaces de captar su acción y
su voz. Dejemos los ojos y oídos del corazón abiertos para que no se nos escape
nada de lo que nos quiera decir. Es tiempo de un verdadero combate, en el que
Dios esta triunfando, y Maria es la gran protagonista de este triunfo. Esa es
nuestra tarea como misioneros: descubrir la acción del Espíritu Santo que a
través de la Virgen
nos va conduciendo, y ponernos a su total servicio para esta Obra misionera.
Vivamos la alegría de lo que estamos haciendo. Sepamos que las tribulaciones
que vamos a padecer son parte impostergable e inevitable en el Plan de Dios. La
reseña de la santidad es la Cruz ;
desde que el Señor nos va haciendo misioneros fecundos de su Obra.
Mensaje 705
“No aparto mis ojos de mis queridos hijos.
Benditos, los que confían en la
Madre de Jesús, Porque su confianza verán Recompensada. Amén.
Amén.”
El Espíritu Santo que produjo la Encarnación del Hijo
de Dios en el seno de Maria Virgen, es el mismo que conduce a toda la Iglesia. Lo hace de
acuerdo a las exigencias de cada época, descubriéndole el modo evangélico que
le permita responder adecuadamente a los grandes desafíos que cada una de ellas
plantea. Es el alma de la
Iglesia que la conduce, la santifica, reparte los dones, la
anima interiormente en su conjunto y en cada uno de sus miembros, y los unifica
a todos en un solo cuerpo. Maria, recibe la acción del Espíritu Santo estando
en Oración, en un clima de escucha, de apertura de corazón; clima que siempre
necesita para poder actuar. Orar es la condición indispensable para que el
corazón, se haga disponible a la lluvia de la Gracia , a la luz que el Espíritu Santo quiera
comunicar en cada momento. Maria no reza automáticamente, ni con palabras
sueltas; esta actitud de adorar y alabar a Dios reconociéndole como supremos
Señor y Padre, que es la expresión más fuerte de Oración y donde el Espíritu,
que con el consentimiento de Maria, produce la Encarnación del Verbo
en su seno y finalmente, la mueve a anunciar y compartir la alegría de la Palabra que se ha hecho
carne en Ella. El Espíritu Santo nos relaciona fuertemente no solo con Dios,
sino con aquellos con quienes formamos un solo cuerpo. Si estamos profundamente
unidos a la Virgen ,
sintiéndola Madre, descubriremos de manera muy especial el Misterio de Cristo
porque Ella es la encargada de enseñárnoslo. Desde el Corazón de la Virgen , el Espíritu Santo
nos consagrara para Él y para el Padre, capacitándonos para amar como Dios
quiere que nos amemos. Los apóstoles, luego que Jesús sube a los Cielos, se
congregan en Oración; y cuando el Espíritu llega, obra maravillas en ellos, los
transforma; les da fortaleza; la luz que no tenían antes de ese momento; la
alegría de la misión apostólica; y la audacia para salir a comunicar la Palabra , a predicar el Evangelio.
Este es el ritmo de la acción del Espíritu. Toda celebración Eucaristía,
comienza siendo el anuncio de la
Palabra que, tiene la misión de convertirnos y abrirnos el
corazón para lo que Dios nos quiera decir. Y que también se hace carne en
nosotros al recibir a Jesús en la
Eucaristía , impulsándonos a ser testigos de lo que vivimos,
proclamando al Señor que vive en nosotros y nos ha transformado en Él. No puede
anunciar a Jesucristo aquel que solo lo conoce con la cabeza y no con el
corazón. Esto es lo que tenemos que ser nosotros como misioneros. El misionero
es alguien que lleva la
Palabra de Dios encarnada en su alma y es testigo de esa
presencia divina en su vida. Este acontecimiento de San Nicolás dentro de la
dinámica del Espíritu Santo, es un regalo que Dios Padre da a la humanidad para
que la Iglesia
lo encauce y lo ofrezca como medio de salvación y de santificación. Maria, una
vez más, prepara el camino para llegar al Señor. Y en este caso concreto, nos
esta invitando a tener sus mismas actitudes para vivir esta continua
ENCARNACIÓN que estamos llamados a experimentar.
“Maria,
Esposa del Espíritu Santo” Jn. 15, 26-27 / Jn. 16, 1-15
El Espíritu Santo que produjo la primera
Encarnación del Hijo de Dios en el seno de Maria, la sigue produciendo en el
seno de la Iglesia
especialmente en los momentos más difíciles. No se ata a estructuras humanas y
se expresa como quiere, por eso tenemos que estar siempre humildes y
profundamente abiertos a su acción, a lo que va sugiriendo el corazón para que
realmente seamos testigos de la
Esperanza , y del triunfo del Señor. En un momento donde
parecía que lo de Dios esta llamado a ser destruido, mas que nunca, desde
abajo, Dios esta fortaleciendo la gracia de su triunfo. Tenemos que descubrir
con el corazón, de que modo esta hablando, no solo para nosotros sino para los
demás. Nos hace instrumentos suyos, nos lleva de acá para allá nos pone
obstáculos, dificultades, pruebas, alegrías, luz, lo que sea, para que seamos
útiles a los demás allí donde estemos en actividad misionera. El Espíritu
Santo, vive hablándonos. El hábito de la Oración , nos hace capaces de captar su acción y
su voz. Dejemos los ojos y oídos del corazón abiertos para que no se nos escape
nada de lo que nos quiera decir. Es tiempo de un verdadero combate, en el que
Dios esta triunfando, y Maria es la gran protagonista de este triunfo. Esa es
nuestra tarea como misioneros: descubrir la acción del Espíritu Santo que a
través de la Virgen
nos va conduciendo, y ponernos a su total servicio para esta Obra misionera.
Vivamos la alegría de lo que estamos haciendo. Sepamos que las tribulaciones
que vamos a padecer son parte impostergable e inevitable en el Plan de Dios. La
reseña de la santidad es la Cruz ;
desde que el Señor nos va haciendo misioneros fecundos de su Obra.
Mensaje 705
“No aparto mis ojos de mis queridos hijos.
Benditos, los que confían en la
Madre de Jesús, Porque su confianza verán Recompensada. Amén.
Amén.”


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