Atiende al consejo, joven (Zaida C. de Ramón)



Oye joven, sé prudente; 
apártate para Dios 
Entrégate a El por completo; 
toma hoy la decisión. 

El mundo mucho te ofrece; 
se presenta en su esplendor 
Pero al final del camino 
todo es desilusión. 





La carne con sus pasiones 
provoca a la tentación 
Si no la vences a tiempo, 
te lleva a la perdición. 

Es una trampa, no cedas; 
es lazo del tentador 
Repréndelo en el momento, 
si no, te espera el dolor. 




Mira arriba, hacia el cielo; 
busca el rostro del Señor 
Es el refugio seguro, 
el lugar de bendición. 

El es el Amigo fiel; 
conoce tu corazón 
Es el que llena el vacío; 
da plena satisfacción. 




Sé sabio, sigue a la meta; 
haz tú como el corredor 
se sacrifica a sí mismo 
por tener el galardón. 

Si así hacen los atletas 
que ejercitan con tesón, 
aprende el ejemplo, joven; 
el cielo es de más valor. 

Nunca, nunca menosprecies 
a tan grande salvación 
Te aconsejo que la guardes 
con temor y con temblor.


Como el águila (Zaida C. de Ramón)

Cual águila es el cristiano, 
es fiel la comparación; 
se deleita en las alturas 
en Aquel que lo creó. 

Si alguna vez intentara 
elevarse y no pudiera, 
es tiempo de renovar 
todas sus plumas ya viejas. 

A la Roca se dirije, 
contra ella se quebranta, 
voluntariamente sufre 
pero sale renovada. 

Si el mal tiempo se avecina 
y le alcanza la tormenta, 
No teme, no sale huyendo; 
nunca jamás se amedrenta. 

Esta es la oportunidad, 
el momento que esperaba; 
con voluntad y valor 
se dispone a traspasarla. 

No tarda en subir muy alto; 
alcanzó lo que anhelaba: 
que el huracán con su fuerza 
a la cima le elevara. 

Se cumple ese hermoso verso 
de la Escritura sagrada: 
"Todo obra para bien 
en aquellos que a Dios aman"

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