Reflexiones bíblicas:
1ª Carta de San Juan; 1Jn: 3, 7-10
Comentario: Quien está
unido a Jesús, a Dios, “no peca”, nos dice el autor de esta carta. Lo que
quiere expresarse aquí es que el solo hecho de estar unido a Jesús nos debe
hacer vivir sin pecar, considerando el pecado como algo “impensable”, y por
eso, inadmisible para el creyente8. El Apóstol habla con admiración
de la suprema grandeza del cristiano: Desde ahora somos hijos de Dios (2),
somos conformes a la imagen del Hijo (cfr. Rom: 8, 29). Todo ello es don y
gracia de su amor. El Padre nos ha “dado”
-como gracia y signo de su bondad- llegar a ser partícipes de la
naturaleza divina, revelándonos así la medida sin medida de su amor infinito
(1; 2Pe: 1, 4). Esta realidad de los últimos tiempos está iniciada, pero no del
todo completada; es todavía objeto de esperanza la plena manifestación de nuestra
semejanza divina (2s; cfr. Rom: 8, 23; Col: 3, 4). Quienes poseen esta
esperanza, se van purificando y liberandose de la angustia y del pesimismo
existencial. Viven la gratuidad2. El autor de la carta es
terminante: “Quien no ama a su hermano no pertenece a Dios”. Y esto no depende
de qué religión profese o qué ideología tenga. El amor al hermano es la medida
de todo compromiso con la vida y con la fe. Y es, en definitiva, en donde
evaluamos el propio sentido de la vida13.
Fuentes:
1 Carlos Mesters, Travesía, Ed. C. Bíblico Ecuménico
2 la Biblia de nuestro Pueblo; Luis Alonzo Schökel
3 La liturgia cotidiana; Sept 2012 Ed. San Pablo. Arg.
4 Mateo Bautista, Comentarios Bíblicos Dominicales, Ciclo B, 1ª Edición,
San Pablo 2011
5 Gloria Ladislao, Palabras y Pasos, Ed. Claretiana
6
La liturgia cotidiana; Diciembre 2010, ciclo A
7
La liturgia cotidiana Diciembre 2011, ciclo B
8 La liturgia cotidiana Enero 2011
9
La liturgia cotidiana Enero 2010
10
J. Garrido, Relecturas de las cartas de San Pablo, Ediciones Paulinas

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