REFLEXIONES PARA EL ALMA: DE JOSÉ LUIS PRIETO
Historias de vida, pensamientos para enfrentar problemas,
fortalecer el alma y el espíritu, un dulce maná de reflexiones para hacer de la
realidad un sueño.
El semáforo
Aquel día, me desperté con mucho sueño y enojado. Con trabajo, pude
levantarme de la cama. Me dirigí al cuarto de baño arrastrando los pies
mientras renegaba por tener que levantarme de la cama y no poder quedarme en
ella todo el día. Desayuné con los ojos tan cerrados como mi mente. Me sentía
tan cansado, que por no meter el pan en el tostador, preferí comerlo frío y
beber la leche directamente de la botella. ¿Para qué tanto trabajo? ¡Es un
fastidio!
Salí de mi casa rumbo a la oficina, desde mi coche observaba el
suelo humedecido por la lluvia y no podía evitar la rabia al pensar que tenía
que trabajar. El semáforo se puso en rojo y de pronto, como un rayo, se colocó
frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto.
Por curiosidad abrí más mis ojos somnolientos y pude descubrir que
lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro
de madera. Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo. Sin embargo,
con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con
maestría un conjunto de pelotas con las que hacía malabares.
Las ventanillas de los automóviles se abrían para darle una moneda
al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Cuando se acercó
a mi auto pude leerlo, "Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano
paralítico". Con su mano izquierda señaló hacia la acera y ahí pude ver a
su hermano, sentado en una silla de ruedas colocada frente a un atril que
sostenía un lienzo, y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma
a un hermoso paisaje.
El malabarista mientras recibía una monedas, vio el asombro de mi cara y me dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista? De pronto el chico sentado en la silla de ruedas se dio la vuelta y pude leer en el respaldo de su silla: “Gracias señor por los dones que nos das, contigo nada nos faltará” Eso me impactó profundamente y mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde, mi semáforo interior también cambió.
El malabarista mientras recibía una monedas, vio el asombro de mi cara y me dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista? De pronto el chico sentado en la silla de ruedas se dio la vuelta y pude leer en el respaldo de su silla: “Gracias señor por los dones que nos das, contigo nada nos faltará” Eso me impactó profundamente y mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde, mi semáforo interior también cambió.
Desde aquél día, nunca más se me volvió a encender la luz roja que
me paralizaba por la pereza. Siempre he tratado de mantener la luz verde
encendida y realizar mis trabajos y actividades sin detenerme. Aquel día
descubrí que ante aquellos jóvenes, yo era el más necesitado, el más
incompleto. Desde aquel mismo día, nunca he dejado de agradecer.
Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy gracias a Dios por
lo que sí tengo. El salario apenas me alcanza para pagar las cuentas, pero
gracias a Dios que por lo menos tengo un trabajo para ganar el sustento. Los
problemas se multiplican como por arte de magia, pero gracias a Dios tengo
paciencia y fortaleza para sobrellevarlos.
A veces creo que no podré seguir adelante con tanto conflicto; pero
le doy gracias a Dios porque cada mañana siento dentro de mi corazón que sí
puedo. Los años han ido pasando rápidamente, mi piel está un poco arrugada, y
mis cabellos se están poniendo blancos; pero le doy gracias a Dios por la
alegría que siento de vivir.
Cada día le doy gracias a Dios por los conflictos que pude
resolver, por los problemas que pude superar, por la enfermedad que pude
soportar, por el odio que se transformó en amor, por la soledad que pude
sobrellevar. “Le doy gracias a Dios por permitir que este mensaje llegara a mis
manos y a las tuyas”
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