Catequesis Mariana desde San Nicolas: por el Pbro. Carlos A. Pérez


Todos los días 25 de cada mes en San  Nicolás, se convocó a un grupo voluntario de Misioneros de diversos lugares del país, felizmente, por iniciativa de los propios laicos presentes en las reuniones, fueron grabadas las charlas que se dieron. Hoy contamos con esta catequesis que nos disponemos a ofrecer aquí a modo de entregas semanales para todos, peregrinos en general y misioneros en particular.

VISITA MISIONERA DE MARIA:
a) DIOS dice: ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, por su gran misericordia!
Resucitando a Cristo Jesús de entre los muertos, nos concedió renacer para la vida que esperamos, más allá de la muerte, del pecado y de todo lo que pasa (1P. 1,3-4)
b) LA IGLESIA dice: La Resurrección constituye la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseño. Todas las verdades encuentran su justificación en Cristo, (que) al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido (651 CIC*). Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida (654 CIC*) María esta en el interior del Misterio de la Pascua (451***), mejor que nadie, conoce el Misterio de la muerte y Resurrección de su hijo (334**). (Su) celebración reclama docilidad en la fe, lograr la reconciliación y mantener el combate evangélico por la paz, se manifiesta en hombres y mujeres que, como María, han permitido que la Pascua los transforme.
c) MARIA DEL ROSARIO DE SAN NICOLAS dice: Hijos míos: en la Cruz de Cristo, me he convertido en vuestra Madre (1374). El dolor redime y es testigo del Dolor mismo. Ame cada uno su cruz y se unirá así,  a Cristo Jesús (1513). Mucho esta sufriendo Mi Corazón de Madre, en estos tiempos en que odio y el egoísmo están llenando los corazones, cerrándolos al amor que Dios, quiere poner en ellos ( 1780) . Bienaventurados, los que en Jesús esperan ser redimidos, porque El murió en la cruz por los pecados de los hombres y en su Resurrección se halla la redención y la salvación. (831)  (y) vuestra resurrección.
d) Para reflexionar. La Pascua es el triunfo de Cristo que necesariamente pasa por la Cruz. No hay resurrección sin cruz. Muerte y vida son dos aspectos del Misterio Pascual. Estamos viviendo horas llenas de tribulaciones y tentaciones del demonio y también llenas de una manifestación especial de Dios a favor de nosotros, porque nunca nos dejara sin una fuerza mayor que la carga que podamos llevar. En nosotros se va produciendo una actualización de ese Misterio, porque cada día estamos muriendo de muchas maneras. Hay un solo motivo que nos anima a asumir y aceptar el dolor con humildad, y es imitar al Señor que sufrió sin culpa; que por amor dio todo por nosotros. Nos invita a llevar una parte en su cruz, a configurarnos con El en una actividad redentora. Nuestra cruz redime, purifica nuestras vidas y redime a los demás. Nos va a pedir la generosidad de negarnos a nosotros mismos ciertas cosas para dárselas a otros y en cambio nos va a querer llevar a una unión de amor muy grande con El. Esa es la meta del Señor. Cuanto más nos despojamos y nos dejamos despojar de todo en la desnudez de la cruz, nos unimos más profundamente con Dios porque quedamos solo El y yo. Entonces la unión ya no es tan difícil. María frente al Señor crucificado dando su vida por nosotros, desbordada en su Amor de Madre y en su dolor, continuo diciendo: “Hágase en mi, según tu palabra”. Como consecuencia de ese definitivo “si” a los pies de la Cruz hemos nacido del Corazón de la Virgen. María mantuvo intacta la Esperanza. No sabía como llegaría a cumplirse el Plan de Dios, pero sabía que el Señor triunfaría y que haría visible su triunfo. María no dudo. Es el gran Mensaje que Ella nos deja hoy. Tenemos que ser testigos que muestren al Señor resucitado, con la vida, el amor, el servicio, la fe, la oración, la actividad apostólica; y lo mostramos porque El vive en nosotros en el Amor, que es la síntesis del Evangelio. El señor instituye la Eucaristía como suprema expresión de Amor; Sacrificio que se perpetua en cada Altar, como garantía de resurrección futura. La conciencia de nuestra condición de pecadores tiene que llevarnos a una actitud de pequeñez interior que nos haga ser profundamente humildes, para que no caigamos en vanidad y soberbia. Este es un momento donde hay mucho sufrimiento. Asumirlo de una manera libre, voluntaria y generosa, porque es lo que el Señor esta permitiendo para purificarnos y redimirnos. El punto de partida esta en descubrir el amor que Dios nos tiene; y tener confianza. (De la meditación dada por el Pbro. Carlos A. Pérez, Rector del Santuario de María del Rosario de San Nicolás).


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