Nuestra Señora de America


El 18 de julio 1959
“¡Oh, el amor propio de las almas! ¿Cómo se resisten a mi gracia! ¡Oh, mis sacerdotes, Mis religiosas, ¿qué no haría yo por ustedes si tan solo me dejarán? Vengo todos los días cargados de gracias que ustedes diariamente rechazan”.
“Mi palomita blanca, fue esta ingratitud de parte de Mis sacerdotes y mis religiosas que me causó tanto dolor en mi pasión”.
“Oh, cómo resisten mi gracia! Cómo luchar contra Mi amor! Aterrados estan ellos que les quite de ellos sus mentiras pretenciosas que me dan la espalda para que no vean el reproche de mis ojos”.
Nuestra Señora vino a mí de nuevo el 20 de diciembre de 1959. Estas fueron sus palabras:
-“Oh, hija Mía, dile a tu padre espiritual que yo regresé para advertir y para abogar. Oh, penitencia, penitencia! ¡Qué poco lo entienden mis hijos ! Me dicen muchas palabras, pero no se sacrifican. No es a mi a quien aman sino a si mismos. ¡Oh, qué ceguera, dulce niña, qué ceguera! ¿Cómo traspasa mi corazón!
“Mira, yo lloro, pero mis hijos no me muestran ninguna compasión. Ellos contemplan la espada en mi corazón pero no hacen ningún movimiento para retirarla. Les doy amor; me dan sólo ingratitud.
-Llora, pues, querida niña, llorar con tu madre por los pecados de los hombres. Intercede conmigo delante del trono de la misericordia, pues el pecado esta dominando al mundo y el castigo no está muy lejos”.
Oración a Nuestra Señora de América, Patrona de nuestra tierra
Escrito por orden de Nuestra Señora, el 5 de octubre de 1956 por la Hermana María Efrén (Mildred Neuzil)
Oh Madre Inmaculada, Reina de nuestro país, abre nuestros corazones, nuestros hogares y nuestra tierra para la venida de Jesús, tu Hijo Divino. Junto a Él, reina sobre nosotros, oh celestial Señora, tan pura y tan brillante con el resplandor de la luz de Dios que brilla dentro y alrededor tuyo. Sé nuestra líder contra los poderes del mal que instigan luchando contra las almas, redimidas a tan gran costo por los sufrimientos de tu Hijo y de ti misma, en unión con Él, del mismo Salvador, que nos ama con caridad infinita.
Nos reunimos alrededor tuyo, oh Madre casta y santa, Virgen Inmaculada, patrona de nuestra amada tierra, decididos a luchar bajo tu estandarte de la santa pureza en contra de la perversidad que haría del todo el mundo un abismo de maldad, sin Dios y sin tu amoroso cuidado maternal.
Consagramos nuestros corazones, nuestros hogares, nuestra tierra a tu Purísimo Corazón, oh gran Reina, que el reino de tu Hijo, nuestro Redentor y nuestro Dios, puede ser firmemente establecido en nosotros.
No pedimos ninguna señal especial de ti, dulce Madre, porque creemos en tu gran amor por nosotros, y ponemos en ti nuestra confianza completa. Nos comprometemos a honrarte por la fe, el amor y la pureza de nuestras vidas de acuerdo a tu deseo.
Reina sobre nosotros, entonces, oh Virgen Inmaculada, con tu Hijo Jesucristo. Que su Divino Corazón y tu purísimo Corazón sea siempre entronizado y glorificado entre nosotros. Utilízanos a nosotros tus hijos de América, como tus instrumentos de paz entre los hombres y las naciones. Obra tus milagros de la gracia en nosotros, para que podamos ser la gloria de la Santísima Trinidad, Quien nos ha creado, redimido y santificado.
Que tu valiente esposo, San José, con los santos ángeles y los santos, te asistan a ti y a nosotros en "la renovación de la faz de la tierra." Entonces, cuando nuestro trabajo haya terminado, ven Inmaculada Madre Santa, y como nuestra Reina Victoriosa, llévanos al reino eterno, donde tu Hijo reine para siempre como Rey. Amén (200 días)

Nihil Obstat: Daniel Pilarczyk, S.T.D.
Imprimatur: + Paul F. Leibold, V.G.

Cincinnati, 25 de enero 1963



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