Catequesis Mariana desde San Nicolás: por el Pbro. Carlos A. Pérez


Todos los días 25 de cada mes en San  Nicolás, se convoco a un grupo voluntario de Misioneros de diversos lugares del país, felizmente, por iniciativa de los propios laicos presentes en las reuniones, fueron grabadas las charlas que se dieron. Hoy contamos con esta catequesis que nos disponemos a ofrecer aquí a modo de entregas semanales para todos, peregrinos en general y misioneros en particular.

MARIA MADRE DE LA EUCARISTIA
Mt. 1 20-23; Lc. 2, 6 y 11.
 La Eucaristía, el Gran Sacramento que el Señor nos deja como testamento de lo que nosotros viviremos luego de su Muerte y Resurrección, nos alimenta como creyentes. Alimenta nuestro compromiso de fidelidad con el Señor. Nos hace vivir anticipadamente el misterio de la eternidad. En la necesidad del pan material, el Señor nos habla del Pan que da la Vida Eterna, que es todavía más importante. Celebrar y comer la Eucaristía es gozarnos de esa misteriosa presencia de Dios que nos nos invade el alma, el corazón, la vida, y que no quiere que ninguna otra realidad, por dura que sea nos invada en su lugar. Porque el dolor, la tribulación, la angustia tienden a crear en nosotros una sensación de vacío. Y la Eucaristía viene a cubrir toda necesidad de modo que aun en la tribulación estemos seguros que el Señor esta allí. La Eucaristía nos garantiza esa confianza que Jesús nos trae en Él y que María tan fuertemente reclama de nosotros como expresión de amor. La Eucaristía alimenta nuestra condición de misionero; el misionero es alguien que por misión propia va a  ser muchas veces desconocido, no reconocido, su Palabra como es Palabra del Señor es Palabra profética y tiene que tener una actitud profética. Entonces si no es alimentado con la Eucaristía se va a cansar, se va a desanimar, va a claudicar. Y María como misioneros, nos invita a vivir los dos destinos de Jesús en la Eucaristía, el sacrificio de la vida: Jesús muere por aquellos que el Señor le ha encomendado; también nosotros.
Jesús en la Eucaristía se hace permanentemente presencia: si hemos comido a Jesús en la Eucaristía, nos ha asimilado a Él y nuestra presencia es una prolongación de la suya y esa es nuestra responsabilidad enorme.  

Mensaje 582: En la mañana, la Virgen me dice: En la Santa Misa, no solo se recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo simbólicamente, Cristo Jesús esá presente y se ofrece verdaderamente. Que todos mis hijos vean en la
Comunión al Salvador, que sientan esa intima comunicación con Cristo y que Cristo entra en ellos. Hijos, apreciad también el tesoro Incalculable que pone a vuestro alcance el Señor. Esforzaos en merecerlo, no perdáis algo tan valioso como es la salvación eterna. No lo dejéis para el futuro, porque la salvación comienza
desde aquí en la tierra, hoy en el presente, en este presente que el Señor os está hablando. Queridos míos, que el gozo que siento en acercaros al Señor, sea también, gozo vuestro. Gloria a Dios.   

Mensaje 1400: ¡Mi querida hija, el Santuario, la Casa de la Madre para los hijos! El Santuario, lugar de Culto, donde la Madre habita para las almas que van a adorar al Hijo; lugar donde la Madre congrega a los hijos, para el encuentro con el Hijo y lugar donde el Hijo, se ofrece en la Santa Comunión, por la Misericordia del Padre. Jesús Eucaristía; profundísima comunicación entre Dios y el hombre; poderosísimo Amor de Dios hacia el hombre y por el hombre. Es en el Santuario, donde María, Madre de Cristo, espera a los hijos, herederos desde la Cruz; es en el Santuario que María, obra en las almas, para el bien de las almas. Aleluya


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