Catequesis Mariana desde San Nicolás: por el Pbro. Carlos A. Pérez

Todos los días 25 de cada mes en San  Nicolás, se convoco a un grupo voluntario de Misioneros de diversos lugares del país, felizmente, por iniciativa de los propios laicos presentes en las reuniones, fueron grabadas las charlas que se dieron. Hoy contamos con esta catequesis que nos disponemos a ofrecer aquí a modo de entregas semanales para todos, peregrinos en general y misioneros en particular.

Nuestro caminar de peregrinos.
Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo. (Mt. 28, 18-20)

1 -Somos peregrinos y estamos de paso. Esta no es nuestra Patria definitiva, sino que estamos en camino hacia ella. Por lo tanto lo que hoy es, mañana deja de serlo; lo que hoy tenemos en nuestras manos, mañana no lo tenemos más, vivimos con la inseguridad propia del que peregrina, del que aún no llegó a su lugar definitivo. Es por eso que nuestro corazón está llamado a afianzarse en donde están los verdaderos gozos, es decir, en la patria definitiva. Esa Patria definitiva vendrá, y vendrá muy pronto. Es importante que la esperemos, la deseemos y nos preparemos para recibirla. Y mientras caminamos hacia ella, vamos dejando cosas que hoy sirven y mañana ya no, y vamos enclavando nuestra vida y nuestro corazón allí donde no hay cambio, donde no hay mutación: en Dios.

2 -El Evangelio nos plantea también esta verdad : mientras el mar está agitado y se convierte en fuente de temor para todos los Apóstoles, mientras el barco comienza a llenarse de agua y hace peligrar la vida de ellos, mientras todo se plantea frágil, Jesús está allí durmiendo. Pero basta que lo llamen, para que El se muestre como el definitivo y único capaz de dar la verdadera solidez a la esperanza de ellos. Cuando todo tiembla, solamente el Señor es la roca firme que no puede hundirse. Y en nuestras vidas somos testigos de Cristo como esa roca firme en la que nos afianzamos y en la que nos apuntalamos. Cristo quiere convertirse para nosotros y desde nosotros para los demás, en ese pedestal inalterable. En medio de las pequeñas o grandes dificultades del camino, es el Señor quien nos sostiene, nos alienta, nos eleva, y nos garantiza la seguridad de nuestra vida.

3 -Todos los días queremos afianzar nuestro corazón allí, en Dios, solamente en Dios. Y el Señor nos da la gracia para hacerlo y nos dará la gracia para ser fieles a esta intención, a esta meta que nos proponemos. Por lo tanto nuestra oración y nuestra actitud deben ser enprimer lugar de agradecimiento por la gracia recibida, por el camino que ya hemos recorrido; y en segundo lugar de súplica para que el Señor , a través de la Santísima Virgen, nos de la gracia de una creciente fidelidad, fidelidad a la vocación a la que hemos sido llamados, a la vocación de resucitados, a la vocación de consagrados, a la vocación de servidores fieles en lo poco para luego ser fieles en lo mucho. No tengamos miedo de aspirar a la santidad porque Dios es Santo y nosotros fuimos creados semejantes a El.

4 -En este peregrinar, no nos sintamos nunca solos ya que María, la mujer contemplativa, la mujer silenciosa, la mujer orante, quiere tenernos en su corazón, llevarnos de la mano para que nuestro pie no tropiece, protegernos para que nuestro corazón no se desaliente nunca, para que sintamos en Ella -como los Apóstoles- la fuerza y el poder del Señor que es capaz de calmar los vientos y las tempestades. No olvidemos que si estamos con el Señor no habrá tempestad más fuerte que su gracia, no habrá riesgos humanos que nos hagan sucumbir: el Señor vela por nosotros. “Caminaremos entre escorpiones-dice el Salmo- entre piedras y víboras y nuestro pie no ha de tropezar”.


Hija mía, con mucha ternura, digo a todos mis hijos; Laicos, Religiosos y Sacerdotes: Soy vuestro Auxilio, vuestro verdadero Auxilio. Yo, os mantendré perseverantes en la fe y os haré amantes de la caridad. Sed vosotros humildes y fieles predicadores del Santo Evangelio y os aseguro que hallaréis gracia ante la Gracia. Gloria al Altísimo. Sea esto conocido








          





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