Reflexiones religiosas


Evangelio del día Mc 6, 1-6. 06/02/13
San Pablo Miki y compañeros, mártires. (MO). Rojo.
"[Pablo] fue uno de los 50.000 católicos asesinados durante la persecución religiosa que tuvo lugar en Japón entre los siglos XVI y XVII. (?) En enero de 1597 fue apresado junto a otros 25 católicos: entre ellos 19 japoneses. (?) Fueron "crucificados" en la colina Nishizaka, a las afueras de Nagasaki, y, ante el asombro de las autoridades japonesas, mostraban felicidad porque iban a morir igual que había muerto Jesucristo. (?) Los cristianos que presenciaban el martirio corrieron hacia las cruces para empapar en trozos de paño la sangre de estos 26 "mártires". (http://www.romereports.com/palio/quien-fue-san-pablo-miki-spanish-5999.html#.UKLpb5ux1M)

Los de su casa.
Reflexión: Nosotros podemos caer en el mismo error en que cayeron los nazaretanos cuando nos escandalizamos de alguna persona que recibe revelaciones del Cielo y no le creemos. No debemos creer todo, pero sí debemos tener discernimiento y aceptar una revelación cuando son buenos sus frutos y en especial cuando está aprobada por la Iglesia. Debemos entender que Dios puede elegir a una persona para hacerla su portavoz y, de hecho, en estos últimos tiempos, Dios y la Santísima Virgen multiplican sus apariciones y revelaciones porque estamos en un momento que es muy grave para toda la humanidad con peligro de autodestruirse y de perder completamente la fe.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de ser sencillos como palomas y también astutos como serpientes también para discernir y aceptar los mensajes que el Cielo nos envía a través de sus actuales y humildes profetas.
Mantenerse contra todo, perseverar sin dejarse abatir por los obstáculos, continuar con firmeza y tenacidad la obra comenzada y maduramente pensada, es la mejor manera de imitar a aquel que es modelo supremo de valentía total, de firmeza y tenacidad sin fin. Gracias, Señor. Ayúdame a resistir al mal con la misma energía, tanto en mi vida personal como en mis compromisos al servicio de los demás. La prueba que nos causa sufrimiento no tiene que interpretarse como una cierta “dureza” de Dios, sino como una forma más sublime de amor. Dios “nos trata como a hijos”. Los padres que de verdad aman a sus hijos saben que a veces tienen que castigarlos, que no los amarían si fueran débiles con ellos por eso participan delo sufrimiento que imponen sufriendo frecuentemente tanto o más que su propios hijos, Así Dios también obra en nosotros. Dice el Evangelio que Jesús en su tierra no pudo hacer milagros “porque no creían en él”. Es triste escuchar algo así, sobre todo cuando analizamos la situación de nuestro mundo y sus acontecimientos. Pareciera que las personas ya no creen en Jesús. Algunos prefieren creer en los avances técnicos y científicos; otros creen que poniendo una cinta roja en el auto ya no les va a pasar nada; otros, creen en espíritus sorprendentes con los cuales pueden hablar; finalmente, hay algunos que solo creen en las leyes del mercado financiero o en las bondades de la  bolsa. Cuando no se cree en Jesús se termina creyendo en cualquier cosa. Y en esas circunstancias él no se puede manifestar porque nuestro corazón no lo busca, ni llama, ni anhela. El nuestro es un mundo complejo y contradictorio. Es preciso orar con fe y esperanza y vivir con la coherencia característica de los bautizados. Abramos bien nuestros ojos y nuestro corazón: es muy probable que Dios esté actuando en hombres y mujeres de los cuales no lo esperemos, o que sean, a la vista del mundo, incapaces de andar en las cosas de Dios. Que no nos ocurra como a los vecinos de Jesús, que aun estando tan cerca, no pudieron percibir la presencia de Dios.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

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